| Febrero, 08 de 2010
Poesía venezolana ahora... justo ahoraEl poeta y co-editor de la revista de poesía "El Salmón", Willy McKey, nos ofrece un breve vistazo a las principales aristas de nuestra poesía joven contemporánea, a partir de su presencia en el mundo digital y del internet Poesía y presente Para hablar de la poesía más joven de Venezuela es fundamental referir los nombres de Santiago Acosta (Detrás de los erizos, 2007), Joel Rojas (Salmo al canto, 2008), Camila Ríos (Muralla intermedia, 2008) y Adalber Salas (La arena, el vidrio: ascenso en tres movimientos, 2008), todos editados luego de figurar en los premios más importantes que se entregan en el país a poetas inéditos. En paralelo a esas obras, es preciso mencionar los talleres de poesía que llevan a cabo voces reconocidas de distinto talante como Armando Rojas Guardia, Belkys Arredondo, Miguel Márquez y Edda Armas: hay en esos encuentros vocaciones en formación que ya estructuran sus primeros ejercicios en la segura (y crítica) colectividad de la peña. Pero las dinámicas contemporáneas y el soporte electrónico demandan entender que los creadores de esta breve lista son acompañados por otras firmas en ejercicio sostenido, quienes ―aunque virtualmente y en la distancia― cumplen con los requisitos más evidentes de la publicación (el texto está a la mano del lector que desee acercarse a él) y del taller (esos textos pueden ser comentados públicamente). Tratándose éste de un medio electrónico, quizás sea propicio atender apenas tres de las infinitas posibilidades de abordaje que los nuevos soportes de la palabra le permiten a la poesía venezolana, intentando ver sus diferencias con brevedad. El taller menor Los poetas que deciden hacer públicos sus textos en la gran red inscriben sus poemas en una tempo muy distinto al del papel. Escritores jóvenes como Maily Sequera, quien mantiene el blog poético Todo es violeta (http://todoesvioleta.blogspot.com), perciben el reconocimiento de sus versos a través de un contador de visitas y los comentarios firmados o anónimos. Incluso, Sequera ha dispuesto en su blog su libro electrónico fuego azul fue.go, acompañado de eso que Gerard Genette supo llamar un "paratexto" que alega y determina lo que está a punto de bajarse a nuestro ordenador: "te encontraste un libro / no es mío | no es tuyo / no es de nadie / {y con un click te lo llevas}". Alguien en Maracay, que ni usted ni yo conocemos, ha ordenado un grupo de textos con la noción (orgánica, viva) de un poemario que está al alcance de cualquiera y aún así se considera inédito sólo por adolecer de ISBN. Esta sola idea ya pone en tensión el concepto de inédito: Si bien es cierto que en el tempo de la web la corrección es siempre posible, arrepentirse de un verso de fuego azul fue.go ya significa para la poeta una nueva edición de ese no-libro. ¿Puede tener más de una edición un libro inédito? Documentos, insumos Miguel Guédez muestra otra arista de la poesía venezolana en la web. Ya no la creación, sino la documentación. En su blog Hablemos de poesía (http://migueleguedez.wordpress.com) están a disposición del navegante insumos en video que permiten otro tipo de consumo poético, además de testimoniar los universos en la poesía de quienes referencia. Ante la limitadísima oferta audiovisual que existe sobre la obra de nuestros poetas, Guédez democratiza documentales en los cuales las voces y visiones literarias de firmas como Juan Sánchez Peláez, Ramón Palomares, Jesús Enrique Guédez, Miguel Ramón Utrera, Ana Enriqueta Terán y Eleazar León pueden servir para el estudio, la referencia o el simple diálogo. A diferencia de iniciativas similares, como las de Edda Armas (con el programa de TV Entreversos) o Mariela Casal (con su productora Casa solariega), los videos de Hablemos de poesía (en su mayoría dirigidos por el propio Jesús Enrique Guédez) evitan la mediación propia de un exceso de producción y permiten su consulta a conveniencia en ese "siempre a la mano y actualizado" propio de la Web 2.0 e imposible para la televisión. El gesto gestor Desde hace tiempo ya, Guillermo Parra se ha encargado de mantener activo su blog Venepoetics (http://venepoetics.blogspot.com). Su dirección electrónica ha servido para difundir versiones al inglés de textos de José Antonio Ramos Sucre, Juan Sánchez Peláez, Ludovico Silva y Eleonora Requena, por citar algunos. Con una flexibilidad evidentemente mayor que la de las traducciones impresas, Parra puede atender comentarios, corregir, revisar si es mejor usar "Hidden" antes que "Unseen" para atender algún "Ocultos" de un poema, pero allí está la gestión que se propone el traductor desde la Torre de Babel: acercarle al otro lo inefable, lo nombrado y eso que cree necesario nombrar. En un desorden poético, el ejercicio lector de Parra intenta poner a la mano todo cuanto puede a todos cuantos puedan acercarse a este cruce entre lo biográfico y lo literario: una idea amable y doméstica de la tradición lírica venezolana expuesta con las dimensiones de lo global. Apetito fragmentario En el tempo propio de blogs como los de Mailyn Sequera o Guillermo Parra radica el apetito del lector, quien puede recibir en su correo electrónico una notificación cada vez que sus autores decidan una corrección o una actualización del contenido. Los blogs de creación poética contienen en sí mismos una pulsión exhibitoria que engancha desde un "a ver qué está escribiendo", pasando por la seguridad que permite decir "yo sé que ese poema está allí" y hasta el "a ver si siguió mi consejo", gracias al plus que otorga la simple posibilidad de que el lector comente los textos. En esa medida, autor y lector son editores, talleristas, contemporáneos y críticos del otro. Mientras tanto, blogs como el de Miguel Guédez pueden estancarse sin perecer por el valor documental de lo que ofrecen; podrían devenir en espacios de reunión virtual de quienes, por ejemplo, deseen estudiar la obra de Ana Enriqueta Terán y logren contactarse gracias a los deltas propios de toda navegación que, en algún momento, los hará encontrarse en islotes comunes y allí intercambiarán arrobas. En la lectura inevitablemente rizomática que ejercemos cotidianamente siempre aparece la idea del fragmento. Mientras usted lee esta breve reflexión, a la vez que tiene abierto su MSN y el buzón de su correo electrónico, quien escribe puede estarle solicitando un par de correcciones al editor de la página y mañana habrá tres líneas menos. Lo mismo puede pasar con los poemas de Sequera que revisó al pulsar el hipervínculo de párrafos atrás, con la traducción de Ludovico Silva que Parra tituló "A dragon" o con la segunda parte del testimonio de Eleazar León. Es difícil imaginar un poemario por entregas: la poesía no tiene ese poderoso factor de incertidumbre que sostendría el interés en una pieza narrativa presentada por partes, ni la concatenación de una crónica capitulada ni la potencia de ilación de una reflexión ensayística. Pero aunque en la poesía es difícil la dinámica del fragmento, ahora es posible ver los poemarios hacerse. Eso quizás nos ayude a entender cómo los blogs y los portales web de colaboración voluntaria han expuesto una de las características distintivas de la construcción de la palabra poética: el ritornelo de la corrección, la posibilidad siempre latente de que el poema sea revisitado… justo ahora. Willy McKey |