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Lennis Rojas

Entrevista a Héctor Torres

Gabriel Payares entrevista al narrador y editor Héctor Torres, a propósito de la convocatoria a la cuarta edición de la Semana de la Nueva Narrativa Urbana

Después de tres éxitos consecutivos, la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, evento organizado por el Pen Club de Venezuela y a Fundación Cultural Chacao, arriba a su cuarta convocatoria. Los dos voceros principales del evento, Ana Teresa Torres y Héctor Torres, esperan este año consolidar la trayectoria de un evento que ha servido de muestrario público de nuestras voces narrativas más jóvenes en la literatura.


Gabriel Payares: Héctor, ¿Cómo surge la iniciativa de realizar una lectura pública de cuentos breves?
 
Héctor Torres: La Semana de la Nueva Narrativa Urbana nace de una idea de Ana Teresa Torres de producir un espacio para la difusión de narrativa para el Pen de Venezuela (entonces ya existía uno para la difusión de las diversas generaciones de voces poéticas, dirigido por Alexis Romero). Recuerdo que durante la presentación de un libro ella me comentó su inquietud y me invitó a que me involucrara en la concepción del formato y la producción del espacio. Por supuesto, no tuve que pensarlo. En la primera reunión de trabajo logramos definirlo y comenzamos a trabajar en la primera edición, que condensaría el espíritu de lo que sería el evento: un espacio para la promoción de esas voces narrativas que estaban en formación, a fin de que compartieran sus textos con el público, acompañados de un presentador (un autor más experimentado) que comentara los textos leídos.
Se conformaría así lo que Carlos Pacheco definiría como una triple lectura: la de los autores, la del presentador y la del público asistente que seguía la lectura desde una pantalla que proyectaba los textos al público (esto último fue una idea de María Ángeles Octavio).
 
GP: ¿A qué nos referimos específicamente cuando hablamos de "Nueva Narrativa Urbana"?
 
HT: El término puede ser ambiguo e incluso hay quien lo cuestiona, argumentando que toda narrativa contemporánea es, básicamente, urbana. Pero, al margen de esas consideraciones, con "nueva narrativa urbana" quisimos agrupar y difundir el trabajo de esas voces que comienzan a surgir en el panorama de la narrativa venezolana, las que en un futuro cercano conformarán las voces en proceso de consolidación. Esos nombres que han venido trabajando para hacerse de su propio espacio, su propio perfil, y convocarlas en un mismo evento, no sólo para que el público las conozca, sino incluso para que se conozcan entre ellas mismas.
 
GP: ¿Cómo definirías la receptividad, tanto de los participantes o interesados y del público en general durante estas tres ediciones de la SNNU?
 
HT: La receptividad del evento ha sido muy buena. En la primera edición la convocatoria fue (con la excepcíon, si mal no recuerdo, de un trabajo que hizo Susana Funes para El Mundo) básicamente a partir de sitios digitales, como Ficción Breve Venezolana, Relectura y Letralia, así como de blogs que se sumaron espontáneamente a la difusión de la iniciativa, tanto para la difusión de las bases como la promoción del evento en sí. Sin hacernos expectativas con la respuesta del público, ya que se trataba de voces poco conocidas, nos sorprendimos al ver que las cinco sesiones del evento gozaron de la presencia entusiasta y numerosa del público. Esta ha sido la tónica en estas ediciones, siendo la sesión del cierre, la más numerosa por lo general, al reunir un público cercano a las 120 personas.

Los participantes, por supuesto, han quedado muy satisfechos con la plataforma de difusión que se les brinda con el evento, ya que disponen de un espacio con un público cautivo, son leídos por un autor más experimentado, conocen a la gente de su generación y, además de eso, sus textos son recogidos en un libro que formará parte de una propia historia literaria.
 
GP: A partir de esta experiencia particular y de la tuya como narrador, ¿qué lugar crees que ocupa la ciudad en la narrativa contemporánea y viceversa?
 
HT: Sin ninguna duda que la ciudad está muy presente en la narrativa venezolana. Ya en los sesenta, setenta, novelas como Historias de la calle Lincoln, País Portátil y Piedra de Mar tuvieron en la Caracas de entonces un marco de acción, dejando valiosos testimonios de la época en que transcurrieron. Y la narrativa que se está haciendo en esta década reivindica a la ciudad como escenario y hasta como personaje. Muchos de los autores de las nuevas generaciones tiene a la ciudad (y más específicamente, a Caracas) como el foco de sus obsesiones. Sus personajes actúan como actúan por vivir en esta ciudad contradictoriamente violenta y de gente fraterna. Creo que, en la medida en que la veamos con más atención, Caracas será proveedora de historias alucinantes y maravillosas que darán de qué hablar en el mundo en un futuro no muy lejano. Es decir, Caracas es una ciudad perfecta para explorar la estética urbana contemporánea, que es desoladora, violenta, inclemente y mágica a un mismo tiempo.
 
GP: Finalmente, ¿cuál es tu diagnóstico de la narrativa venezolana actual?
 
HT: La narrativa venezolana de la actualidad está pasando por un momento auspicioso que afortunadamente no parece ser un boom, sino un momento de crecimiento producto de diversas circunstancias que se han ido sumando para consolidar lo que Oscar Marcano denominó como una normalización del hecho literario (y, más específicamente, narrativo) en nuestro país. Y esa conjunción de factores pasa por una mayor producción editorial, una apuesta (a veces forzada por las circunstancias) cada vez más arriesgada de parte de las editoriales, la proliferación de sitios digitales en los que se comenta acerca de las novedades editoriales y, lo que es muy importante, una consciencia de los narradores venezolanos de que se debe escribir para un público lector. Que un libro debe promocionarse. Que las ventas son importantes (sin ellas no tendría sentido el riesgo de la edición). Y, que si el lector no se encuentra ante una historia que le hable directamente, no tiene sentido involucrarse en la lectura de un libro. Además, para bien o para mal, la literatura dejó de ser esa actividad exquisita y bohemia que fue en un tiempo para convertirse en un oficio menos glamoroso que exige mucho tiempo y dedicación. Pero, ojo, salvo honrosas excepciones (Barrera Tyzska, Guerrero, Marcano, entre otros), todavía somos desconocidos en el continente. Es decir, que el momento es bueno, pero ahora es que hay que trabajar.




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